Por Clara Vallés

Carlos Acosta (La Habana, 1973) era consciente de que su vida era de película. Nacido y criado en un barrio marginal de La Habana, aficionado al break dance y al fútbol y alumno de danza a regañadientes, jamás imaginó que llegaría a ser primer bailarín del English National Ballet, del Houston Ballet y del Royal Ballet de Londres.

‘Yuli’ es una biografía descarnada, dirigida por Icíar Bollaín (Madrid, 1967) que aplaude el talento Cubano y el talento emergente, mostrando y haciendo disfrutar, incluso a los no aficionados, de la dignidad de la danza y de la dignidad de pueblo cubano. Así el famoso bailarín se pone a las órdenes de los nuevo de la directora de ‘Te doy mis ojos’. El propio Carlos Acosta protagoniza el filme en el que descubrimos como se vio forzado a desarrollar su propio talento, obligado a asumir la responsabilidad de sus dotes innatas. “Tuvo la gran suerte de contar con profesores que priorizarían su talento”, apuntaba la directora. Proveniente de una familia de esclavos y de casa muy humilde acabaría, a marchas forzadas, en el Royal Ballet. Su familia es también espejo de 40 años de Cuba. Y así, poco a poco, desdibujando e intercalando al personaje real y la recreación de sus hazañas, a lo largo de la trama disfrutamos de pequeñas piezas de danza de la compañía de Acosta. Un lenguaje propio y en ocasiones abstracto con el que se reta a contar y revivir emociones, algunas muy duras como la violencia  que ejercía su progenitor. Carlos se convirtió en el primer bailarín negro en protagonizar Romeo y Julieta, pero reconoce que no todo fue disfrute: “hubo mucho sufrimiento tal y como queda recogido en el filme”.

Iciar Bollaín y Paul Laverty firman el guion de este biopic en el que Alex Catalán vuelve a deslumbrar al frente de la dirección de fotografía. Edison Manuel Olbera, el niño que interpreta al joven Acosta, desprende fuerza y ternura y se convierte en el imán de una película que comenzará su recorrido en salas a finales de año.

Imagen: Montse Castillo / Zinemaldia