Por Clara Vallés

‘Roma’ es la nueva película del director mexicano Alfonso Cuarón. Una producción del gigante Netflix que llega a San Sebastián tras haber ganado el máximo reconocimiento del Festival Internacional de Cine de Venecia en su edición número 75.  León de Oro para una producción rodada completamente en blanco y negro y que relata un drama familiar ambientado en la Ciudad de México a principios de los años setenta.

Dos jóvenes de origen indígena, Cleo (Yalitza Aparicio) y Adela (Nancy García García), trabajan como empleadas del hogar para una familia de clase media en la Ciudad de México. Mientras Sofía (Marina de Tavira), su patrona, sufre las ausencias de su marido, las tres mujeres irán construyendo su concepción de amor en el que es su hogar, dejando al descubierto un contexto de jerarquía social, donde la clase y la raza están perversamente entrelazadas. La sencillez con la que se plasma la complejidad de los sentimientos solo hace que conmovernos.

Cuarón se ha inspirado en las mujeres de su infancia para realizar este homenaje al matriarcado, deslumbrando con una historia intimista y cruda. Momentos mundanos de una grandeza abrumadora que, según él mismo reconoce, resulta tremendamente personal. Así, con delicadeza y sobriedad, retrata un contexto social y político basado en sus propios recuerdos.

Una película repleta de planos de observación, atmósferas y detalles con los que configurar una minuciosa descripción del tiempo y del lugar. ‘Roma’ es lucha de clases y simplicidad palpitante, en la que todo huele a verdad. La circunstancia cruel de una familia en el México de los años setenta, convertida en poesía en blanco y negro. Un pulso fotográfico cristalizado en toda una declaración de amor y que recuerda al neorrealismo italiano.

A través de un planteamiento insólito, basado en conversaciones individuales, cada mañana Cuarón daba a los actores unos breves diálogos. Nadie del equipo ni del reparto vio nunca el guion, ni, por supuesto, hubo lectura del mismo. Una forma de trabajar instintiva, algo reservado para verdaderos virtuosos.

La octava película del mexicano le coloca en línea de salida de reconocimientos venideros. Algo que ya no sorprende porque es irrefutable el talento de Cuarón. Esta joya, generosa y violenta, se ha podido disfrutar en la sección ‘Perlak’.