Por Juan Diego Mora

Los aledaños del Teatro están repletos de gente. Los curiosos se mezclan con actores, directores y periodistas. Unos hacen fotos. Otros pasean tranquilos con la costumbre de ver los protagonistas del cine español cada primavera en su ciudad.

Las calles cercanas al Cervantes son un contenedor de ilusión, expectación y el colorido y los flashes inundan una atmósfera de sorprendente normalidad.

La razón de esto se explica a unos doscientos metros, tras cruzar la plaza de La Merced. Decenas de personas hacen cola en las taquillas para  conseguir una entrada.

Yo me acerco expectante. Necesito un hueco en las sala para ver alguna de las proyecciones. “Está todo vendido para La vida inesperada. Para hoy y para mañana”, me explica la taquillera, “y para el documental de Buenafuente quedan menos de 10 entradas”, prosigue.

Mi gozo en un pozo.

Los malagueños quieren ser partícipes de su fiesta del cine y si no está disponible la película que quieren ver buscan otra interesante. Quieren ver cine, nuestro cine.

A mí me supo a poco. Pero pude volver a comprobar que mi tocayo Juan Diego es un monstruo de esto de la interpretación y que solo el basta para ir a ver una película. En ‘Anochece en la India’ vuelve a dar una clase magistral y es mi favorito para llevarse el premio a mejor actor.

Mi día concluye con ‘El culo del mundo’, documental de Andreu Buenafuente sobre el trabajo de los cómicos que sirve para que admire más al comunicador catalán.

El sábado despedida y cierre para un festival y una ciudad de cine.

En la fotografía, un momento del rodaje de ‘Anochece en la India’ (www.anocheceenlaindia.com).