Bahman Ghobadi, laureado por dos veces en Zinemaldia y muy querido en la ciudad, en ese orden, ha honrado una vez más la sección oficial de este festival de cine, con una historia sobre el amor, el dolor y el olvido protagonizado por Behrouz Vossoughi y Monica Bellucci. Es difícil entender desde Occidente, a pesar de que aquí, en la civilizada Europa, pasó antes de ayer, que a un poeta puedan condenarlo a treinta años de cárcel por escribir poesía política contra un régimen. Ghobadi lleva cuatro años obligado a vivir fuera de su país y afirma que el 90% del cine que se hace en Irán es clandestino. A las 12:30 de ayer, Ghobadi subió al escenario del Kurssal para contar a más de mil personas que estábamos a punto de ver su película, que ha hecho esta película para no morir, descubriendo la capacidad que ha tenido el propio proceso creativo de fortalecer su espíritu.

Me gusta ver cine que me plantée preguntas, que me incomode, que me haga abrir la boca de par en par unos momentos o corregir mi postura en la butaca otras y no porque crea que el director pretenda que yo como espectador complete los enigmas de la historia, al contrario, he salido de la proyección de “RHINO SEASON” convencido de que Ghobadi sabía perfectamente qué quería contar en esta película.

La revolución islámica iraní derrota al Sha a finales de los 70 y el poeta Sahel es condenado a treinta años de cárcel por crear. Es anulado, vejado, eliminado, borrado y dado por muerto a su esposa que también sufre la revancha revolucionaria, por mujer, por esposa del poeta y por hija de un coronel del antiguo régimen. “RHINO SEASON” comienza desde la libertad, la concedida a este poeta tras treinta años en prisión, y a medida que avanza la cinta te das cuenta de que Sahel es liberado en una tela viscosa de araña fruto de años de sufrimiento, un dolor arrastrado, en el que la única escapatoria es por un lado la poética. Una poética evocada por el propio Sahel para poder recordar quién es y representada de forma brillante por Ghobadi en una plástica preciosa de imágenes, y por otro la búsqueda de Sahel del que siempre ha sido el amor de su vida, la mujer de la que un cruento régimen le separó hace treinta años y que le cree muerto. “Sólo aquel que vive en la frontera creará una tierra” dice uno de los poemas de Sahel, y la tierra seguramente es únicamente el amor y nuestra capacidad de evocar. Ghobadi ha firmado una película cruda y maravillosa y desde este ecuador del certamen, podría perfectamente alzarse con su tercera Concha. Esperemos y sigamos viendo buen cine.

Texto y foto por Fernando Vera